domingo, 9 de setiembre de 2007

Mi ciudad se fue

A mitad de cuadra estaba el edificio, 4 pisos, 6 departamentos por piso, no existía conserje, cada dueño de departamento tenía llave de la puerta del edificio, con los años esa puerta se quedó siempre abierta y se dobló y ya no se podía mover, hasta que la arreglaron y otra vez todos utilizaban la llave. En la azotea del edificio las personas tenían su sitio asignado para tender la ropa, a pesar de eso, de vez en cuando se perdía un pantalón o una camisa, probablemente era una forma de ser comunidad, compartir la ropa.

Desde la azotea, se podía ver el estadio, que estaba al otro lado de la autopista, en días de partido se escuchaba claramente el sonido de los espectadores gritando el gol del equipo local o en ocasiones especiales el gol de la selección. También desde la azotea se veía el parque floreado, era el lugar preferido para comprar flores, ahí se compraban los arreglos florales para las tumbas de los cementerios, un poco raro ya que no había ningún cementerio cerca, pero la tradición de comprar flores ahí venía de años, un poco más allá se vendían anticuchos, eran famosos esos kioskos al paso, así que cuando había fútbol era todo un caos, la gente llegando al estadio, los que compraban flores, los que comían anticuchos, la policía que vigilaba, y el humo de las parrillas.

La calle del edificio, a pesar de ser pequeña, era de doble vía y tenía un bandejón central con césped mal cuidado y árboles antiguos, se podía estacionar los autos junto al bandejón, aunque de noche para evitar robos, los autos se guardaban en la cochera de la esquina, al frente del edificio existían casas muy antiguas de un sólo piso, todas iguales aunque pintadas de diversos colores, en la fachada sólo puerta y ventana, un día una de estas casas se desplomó, no tenía habitantes así que no hubo heridos, la municipalidad la demolió y cerró el terreno con una pared de ladrillos y la pintó de blanco, los jóvenes que escuchaban rock tuvieron una idea al ver la pared, escribieron con pintura negra "De Uol" , sobre los ladrillos de blanco, decían que era el título de un disco famoso de la época, en todo caso fue el primer graffiti del barrio.

En la cuadra siguiente, en la esquina estaba la bodega, su dueño era un chino, se comentaba que había llegado al país como trabajador agrícola en el sur, junto con muchos chinos como él y los hacían trabajar de lunes a domingo de sol a sol, un día el chino se fue de la chacra, se cansó de ese trabajo, pasaron varios días hasta que el patrón se diera cuenta que faltaba un chino. El chino escapó y llegó a la capital y trabajó en lo que encontraba, cocinero, basurero, panadero, hasta que reunió algo de dinero y abrió su bodega en el barrio, tenía casi de todo, tanto así que las madres enviaban a sus hijos a comprar a esa bodega lo que les faltara, arroz, azúcar, leche, fideos, ellas les decían a sus hijos "anda al chino de la esquina y compra arroz" y a pesar que la bodega tenía un nombre entre "Akitoy" o "Yanotoy" todos lo conocían como el chino de la esquina, por cierto este señor dueño de la bodega, fumaba mucho, aparentemente de esto último se desprende la frase "fuma como chino en quiebra".

A la vuelta del edificio, en la misma cuadra, estaba la panadería "Reyna", no se sabe muy bien si el nombre es por el apellido del dueño de la panadería o porque don Mario, el dueño, le decía reina a su esposa. Cada mañana era casi un rito esperar la salida del pan caliente, era el momento de más movimiento en la panadería, siempre llamaba la atención la máquina de cortar pan de molde, la pieza rectangular del pan se ponía en la máquina y unas cuchillas en fila cortaban el pan en rebanadas.

Al frente de la panadería, estaba el salón de belleza, más bien era la sala de la casa de una señora que la había adecuado como peluquería, así que cuando el esposo llegaba del trabajo, siempre se encontraba con las clientas con ruleros o con la secadora en la cabeza. El deporte preferido de las clientas de la peluquería era el chismorreo, no había vecino que no se salvara de ser nombrado en las interminables conversaciones de tintes y peinetas. La señora atendía su local junto con un joven, de aquellos delicados, que de lejos parecían pero que de cerca son, y este joven, al peinar a sus clientas, dependiendo de lo que ellas le comentaban, exclamaba "me quiero morir", pero este joven era emprendedor, se independizó, abrió su propio local e incluso llegó a ganar el prestigioso concurso "La Peluca de Oro". Nunca más regreso al barrio.

En el tercer piso del edificio vivía una familia como cualquiera, la pareja con sus dos hijos, el señor tenía un trabajo poco remunerado y la señora se dedicaba a los niños, en poco tiempo y casi sin levantar sospechas, esa familia empezó a renovar su departamento, cambió el juego de sala, el comedor, los cuadros, los dormitorios, se compraron un auto del año, los vecinos no podían evitar comentar y graciosamente al señor le empezaron a llamar "El Padrino" y este nombre cada vez le quedaba mejor, porque regresaba de su trabajo con otros hombres todos vestidos con trajes y corbatas y en autos brillantes, un día se fueron del edificio, se fueron a otro barrio más elegante, durante años no se supo de ellos, sólo cuando una señora de la peluquería contó que al llamado "Padrino" lo encontraron muerto en un riachuelo en las afueras de la ciudad, sí, había sido un accidente.

Al costado de la puerta principal del edificio, vivía la señora joven, la que al caminar llamaba la atención de los jóvenes y señores del barrio, la siempre sonriente y bien maquillada señora era amable con todos, vivía sola, pero era frecuente ver que a su puerta entraban hombres de diferente condición, algunos estacionaban sus nuevos autos en la puerta; no pocas veces se le oía llorar, pero nunca se le vió con lágrimas en la calle, lo que sí era notorio era que algunos días ella abusaba del maquillaje, ella se esmeraba en esos días de estar siempre sonriente al caminar, pero se le podía ver en los ojos una tristeza conmovedora. Una noche se oyó el ruido de uno de esos autos escapar rápidamente, en la mañana la policía encontró a la señora y al poco rato la ambulancia se la llevó.

A la espalda del edificio estaba el callejón, una calle chiquita con una salida, ahí se armaban las fiestas del barrio, se ponía la música a todo volumen y se decoraba con globos o cadenas, con colores alusivos a lo que se celebraba, las madres se organizaban para cocinar, los padres se encargaban de los tragos y de los juegos, los más jovenes se encargaban de la música y los niños corrían por todos lados, aquellos días eran los días en que se sentía que el barrio era comunidad.


|> The Pretenders - My City Was Gone





I went back to Ohio
But my city was gone
There was no train station
There was no downtown
South Howard had disappeared
All my favorite places
My city had been pulled down
Reduced to parking spaces
Eh, Oh, way to go Ohio

Well I went back to Ohio
But my family was gone
I stood on the back porch
There was nobody home
I was stunned and amazed
My childhood memories
Slowly swirled past
Like the wind through the trees
Eh, Oh, Oh way to go Ohio

I went back to Ohio
But my pretty countryside
Had been paved down the middle
By a government that had no pride
The farms of Ohio
Had been replaced by shopping malls
And muzak filled the air
From Seneca to Cuyahoga Falls
Said, Eh, Oh, Oh way to go Ohio

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10 comentarios:

Tricia dijo...

Te ha dado por contar historias...
Me entretuve con esta, era como volver a mi niñez y recordar (si bien no fue exactamente como tu detallas) el barrio y todas las historias de la gente, de los vecinos, y es que al parecer en todas partes se encuentran estos característicos personajes...
Lindo post!

Cariños ;)

Don Chere® dijo...

En todo caso esto está cambiando en todas partes, ya los conceptos de barrios y vecinos que se ayudaban no existe..que más se puede decir...tal vez al ser todo tan rápido nos hemos vuelto más individualistas.-

Cuídate.-

Mini2008... dijo...

qué descripción!! me imaginé totalmente el barrio, todo, incluso la cara de los mencionados... tantas cosas que uno no sabe o que prefiere no saber del lugar donde vive... creo que ahora cada cual se preocupa de su metro cuadrado... cuidate, saludos!! ahhh y noooo no era yo la que andaba a 280 por la carretera ajajajajajajja

FuriosaCanifru dijo...

Cuando nombraste al padrino me acordé de la película, la parte 2.

Lo malo son los vecinos sapos, pero a la vez ayudan harto.

Artemisa dijo...

me gusto mucho este post, me imagine cada rincon que mencinastes, casi senti el humo del cigarro del chino, buen guion para un pelicula de Almodovar, muchos saludos que tengas una linda semana

Negrita dijo...

Te había extrañado, hace días no sabía de ti, de hecho te iba a mandar un mail porque ni en msn te he pillado... me avisaron que al menos un mes está asegurada la vuelta de la radio. Me dijiste que te avisara si sabía algo.
Ya ahora pasando al comentario del post...están super bonitos estos últimos relatos.. tan detallados e intimistas.
También me pasó que me ví recorriendo calles y observando a los personajes.
Abrazos
Caro

Blood dijo...

Me acordé de los barrios donde viví de chico, cuando la gente que vivía a tu alrededor eran vecinos y tenían nombres y cara, no como los copropietarios de ahora (el del 205, el del 407) que sabes que existen porque el conserje te dice que existen. Vamos mal...

Saludos sanmgrientos

Blood

VerónicaBas dijo...

No se, a mi esto insinua como quedo lo que tú describes despues del terremoto... pero no lo sé.

Si es una especie de novela o cuento, esta bueno, muy descriptivo, pero como qe no entiendo para donde va, en fin, hoy desperte interpretando las cosas de muchas forma y es probable qe este equivocada en todas... jajaja!

El hombre cambia con el tiempo, como no va a cambiar el lugar donde uno vive?

Saludos!

El tema de Muse es por un punto especifico que afecta a mi y un grupo de bloggers, tiene una connotación emotiva particular y no es por ser fan de la banda... jaja!!

Vero dijo...

Es la maravilla de quienes vivimos en regiones, aun conservamos esos lindos rincones y la tranquilidad, tambien conocemos los nombres de quienes atienden los almacenes y las panaderias.

Que lindo relato, me imagine ahi.

Un Beso.

Pao dijo...

Tipica edificio de un barrio de cualquier ciudad de este lado del mundo, aunque reconozco mucho de la Lima querida... evidentemente.
Es cierto, hay cosas que se han perdido con el tiempo, como la tertulia y el trato entre vecinos a manera de gran familia. Hay otras tantas que han aparecido, como las reservas y la perdida de la identidad como parte de comunidad, a pesar de compartir un edificio.

Sea como sea, te quedan los recuerdos, buenos, malos pero sobre todo añejos, de una epoca que pareciera no volvera mas.

Saludos desde aca.

Pau
Buen vecino